sábado, 17 de septiembre de 2011

Así se forma un coágulo sanguíneo



Los protagonistas de esta espectacular imagen, obtenida con ayuda de un microscopio electrónico de barrido, aparecen identificados por colores. Así los glóbulos rojos o hematíes aparecen en rojo, los leucocitos en verde, los agregados de plaquetas en gris y la fibrina en marrón.

Cuando una lesión afecta la integridad de las paredes de los vasos sanguíneos, se ponen automáticamente en marcha una serie de mecanismos que tienden a limitar la pérdida de sangre. Estos mecanismos son el estrechamiento del vaso sanguíneo, el depósito y agregación de plaquetas o trombocitos y la coagulación de la sangre. Esta última ocurre cuando la sangre pierde su liquidez normal transformándose en sólida. El responsable de es te proceso es una proteína soluble presente en la sangre, llamada fibrinógeno, que experimenta un cambio químico y se transforma en otra proteína, la fibrina, que es insoluble. La fibrina, además, tiene la capacidad de entrelazarse con otras moléculas semejantes, para formar una enmarañada red tridimensional.

La fibrina atrapa entre sus “redes”, como si de peces se tratara, a células sanguíneas, entre las que se encuentran los hematíes, leucocitos y trombocitos. De esta forma pueden formarse coágulos y ocasionar trombosis, un bloqueo de vasos sanguíneos que, en los casos más graves, puede ocasionar un accidente cerebro vascular p un infarto agudo de miocardio

Foto: John Weisel/University of Pennsylvania School of Medicine

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