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lunes, 27 de febrero de 2012

"Kairuku", el pingüino prehistórico

fig. 1Fig. 2

fig. 3

fig. 4
Vivió hace 25 millones de años en lo que hoy es Nueva Zelanda. Era un pingüino elegante (fig. 4)para los estándares de estas aves marinas no voladoras, con un cuerpo estilizado, de pico y aletas alargados, pero patas cortas y gruesas. Sus restos fósiles fueron hallados en el valle Hakataremea (fig. 1), y ahora reconstruidos por paleontólogos de las Universidades de Otago y la Estatal de Carolina de Norte, en Nueva Zelanda y Estados Unidos respectivamente.


Los investigadores apodaron “Kairuku” al pingüino, una palabra maorí (una etnia polinesia) que se traduce como "buzo que regresa con comida”. Se interesaron en el fósil porque su forma corporal es diferente a la de todos los pingüinos conocidos, tanto vivos como extintos.


Nueva Zelanda fue aquella época un lugar ideal para los pingüinos en términos de alimentos y seguridad. La mayor parte de la isla estaba bajo el agua, dejando masas rocosas aisladas que mantenían a los pingüinos a salvo de los depredadores, y les proporcionaban comida abundante. “Kairuku” fue una de las, al menos, cinco especies diferentes de pingüinos que vivieron en Nueva Zelanda en aquella época geológica.

Esta diversidad de especies fue lo que hizo difícil la reconstrucción, que tuvo lugar a partir de dos fósiles de “Kairuku” (fig. 3), por separado, utilizando el esqueleto de un pingüino rey actual, como modelo, el segundo pingüino más grande después del pingüino emperador. En la fig. 2 puede verse un hueso fosilizado de aleta del “Kairuku” comparado con otro, arriba, de un pingüino de ojo amarillo actual, que tiene un tamaño mediano, si lo comparamos con los pingüinos grandes como el rey y el emperador.


Fotos. Dan Ksepkad/Paul Brinkman

sábado, 4 de febrero de 2012

¡Válgame el cielo, qué camarón!

fig. 1


fig. 2

fig. 3

Hay pocos lugares en nuestro planeta que son tan misteriosos como las profundidades abisales. Los científicos que están explorando los secretos más impenetrables de nuestro planeta se asombran de la inmensa diversidad de vida que allí se están encontrando.


El reino de las fosas oceánicas más allá de los 6.000 metros de profundidad se denomina “zona hadal” en honor a Hades, el dios de los Infiernos en la mitología griega. En las fosas más profundas, escasea el alimento, las temperaturas son glaciales, la oscuridad es perpetua y las presiones superan la tonelada por centímetro cuadrado. Es difícil imaginar que la vida sea posible en condiciones tan extremas, sin embargo lo es.
Un habitante muy curioso del reino hadal es este anfípodo supergigante (figs. 2 y 3), una especie de camarón que deja como un enano a los que estamos acostumbrados a ver en bares y pescaderías. El ejemplar capturado mide 28 centímetros, casi 10 veces más que los anfípodos “normales”. Se ha dicho que es como si se hubiera encontrado una cucaracha del tamaño de un pie.


La criatura fue hallada a 7.000 metros de profundidad en la fosa Kermadec (fig. 1), al norte de Nueva Zelanda, durante una expedición llevada a cabo por investigadores de la Universidad de Aberdeen de Escocia y del Instituto Nacional de Investigación Acuática y Atmosférica de Nueva Zelanda (NIWA). Los investigadores usaron una tecnología de inmersión diseñada especialmente para aguas ultra-profundas, que consiste en una trampa y una cámara de video encapsulada en cristal de zafiro para soportar la altísima presión. El ingenio capturó siete especímenes y filmó nueve Pese a que el mayor que se logró sacar a la superficie medía 28 centímetros, la videocámara consiguió filmar otro ejemplar aún mayor, de 34 centímetros.


Fotos: Alan Jamieson/ Oceanlab/University of Aberdeen